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Bouza Albariño 2019, un “muy Rias Baixas”

 

Marcado por la climatología de un verano donde las lluvias estuvieron muy presentes mientras las uvas maduraban, la nueva añada de este blanco emblema de la familia Bouza, se muestra extremadamente fresco. Diferente a cosechas anteriores, y de un atractivo particular, es un vino que en esta cosecha deja más en evidencia sus raíces gallegas

 

 

 

 

Texto: Sommelier Daniel Arraspide

 

 

El pasado sábado 17 de agosto, a casa colmada de invitados, el winebar de Bodega Bouza en Melilla ofició de espacio para el lanzamiento de uno de los vinos blancos uruguayos más esperados por los consumidores: su Albariño.

 


 

Desde la jornada anterior, los fuegos y vapores del restaurante de la bodega estaban a full, actividad de la que da testimonio una imagen posteada en redes sociales por el propio Juan Bouza (h) en la que se aprecia a su padre y al mediático chef Laurent Laine “El Franchute” en medio de la elaboración del sustancioso caldo gallego, que luego fuera servido a los invitados el sábado por la noche.

 

 

Foto by Juan Bouza (facebook)

 


Bocados fríos y calientes (algunos con inspiración francesa) – fueron un poco un refresh al típico tapeo gallego que siempre se había servido en ediciones anteriores – se lucieron junto a una rica cazuela de cordero con vegetales y al siempre infaltable jamón ibérico con selección de panes, todo muy bien regado claro por varias docenas de botellas del vino que era motivo de reunión. Tampoco faltó la música en vivo, con muy buen ritmo, el reencuentro con amigos y colegas, además de una muy buena selección de dulces.

 


La invitación recibida días antes, hacía referencia a que en el año 2001 era la familia Bouza quien plantaba la primera hectárea de Albariño en Sudamérica. Pero la empresa no solo fue la primera en cultivar esta cepa en nuestro territorio, sino también pionera en lanzar esta variedad al mercado, de la que inmediatamente comenzó a cosechar elogios y demanda por mayor cantidad de botellas.

 

 


 


En la actualidad – 18 años después – esa hectárea inicial se multiplicó varias veces en el viñedo de esta empresa familiar, y dado el éxito demostrado en la adaptación a los terruños del Sur uruguayo, varios productores nacionales se decidieron también por cultivarla.

 


Algo muy interesante es observar como ese éxito conseguido con la producción de ese primer Albariño del Uruguay, trascendió fronteras, y fue el incentivo para que productores de otros países comenzaran a apostar por esta variedad de origen ibérico que hasta hace pocos años atrás prácticamente no era casi cultivada fuera de España y Portugal.

 


Ahora, hablando del vino en concreto, este 2019 se presenta con un color verdoso muy leve y reflejos plateados, perfume que recuerda a las flores de azahar, a la cáscara de frutas cítricas como la lima y el pomelo, además de un toque levemente salino.

 


En la boca se expresa con volumen medio y recuerda a las frutas carnosas como la pera y el damasco; pero si hay un aspecto que resalta por encima del harmonioso conjunto, ese es el de la acidez casi picante que lo dota de gran frescura y persistencia de vivacidad en el paladar, recordando mucho al estilo de un Rias Baixas, particularmente a alguno producido en O Rosal, al suroeste de Galicia, una región que goza del microclima moldeado por la influencia del Océano Atlántico y el Río Miño.

 

 


 


Misterio? Ninguno! Parecidos? Muchos! Solo teniendo en cuenta la influencia que tenemos en el sur uruguayo dado por grandes masas de agua que actúan regulando las temperaturas, y más aún que el clima (algunos años más que otros) se asemeja en cierta forma al de Galicia, explica tal vez el por qué de la buena adaptación del Albariño en nuestras tierras, y del parecido en el perfil de vinos obtenidos en determinadas zafras.

 


Lo cierto es y todo indica que esta variedad tiene larga vida por delante en nuestro territorio, y que vendimia tras vendimia los resultados obtenidos son cada vez más sorprendentes. Hecho que sin dudas quedó plasmado en la presentación de la nueva añada en Bouza.

 


Como será que hasta se escuchó por ahí con cierto toque gracioso a alguien que, botella en mano, parafraseaba aquello de “lo que mata es la humedad”, pero en su versión más personal de “lo que mata es la acidez”, claro que en este caso alabando al vino en cuestión por su gran frescura. Totalmente meritorio.

 


Viva el Albariño del Uruguay, salud!


 

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