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Bizkaiko Txakolina, el paisaje embotellado (2) •PDF• •Imprimir• •E-mail•

 

En lugares cargados de historia y bellos paisajes como los de Guernika y Larrabetzu (Bizkaia, Euskadi) se hace fácil darle rienda suelta a los sentidos, mejor aún si a ello se le suma una copa de Txakoli en la mano. Con el marco natural y exuberante de la Reserva de la Biósfera del Urdaibai, o la del cercano Valle del Txorierri (donde cultivan uvas para vinificar) la bebida más socializante del mundo - el vino - toma un protagonismo muy particular

 

 

 

 

(texto: Sommelier Daniel Arraspide)

 

 

Fue en el año 1994 cuando se conformó la D.O Bizkaiko Txakolina, un hecho que visaba proteger, amparar, y dar un impulso a los vinos elaborados en un territorio delimitado y evitar la desaparición de un producto que estuvo en peligro de extinción como si fuese una rara variedad de flora o fauna. Veinticinco años después, el Txakoli de Bizkaia se ha fortalecido, ha ganado fama, premios y excelente puntajes de expertos internacionales, y lo mejor, vive y lucha, prometiendo además la buena perspectiva de seguir creciendo.

 


Poco y casi nada es lo que llega al Uruguay en materia de oferta de Txakolis, algo que no deja de ser curioso si pensamos en la cantidad de inmigrantes y descendientes vascos que viven en nuestro país. Pero la realidad es que la mayoría del Txakoli elaborado en las tres provincias de Euskadi (Bizkaia, Gipuzkoa, y Araba) se consume – no sin sano orgullo – en el propio territorio donde es producido, algo que sin dudas habla muy bien del sentido de pertenencia y nacionalismo del pueblo vasco.

 


Bodega Itsasmendi, la bodega del 7, el número perfecto


Si hay una empresa en permanente evolución, y que desde 1995 – cuando fue creada – no para de crecer, esa empresa (del rubro vitivinícola) es Bodega Itsasmendi. Y tal vez el hecho más notable que da testimonio de ese crecimiento sea la construcción de su nueva bodega (que se encuentra en ejecución) enclavada a las afueras de Guernika-Lumo, a solo 5 minutos de donde hoy se localiza su actual planta de producción en un polígono industrial (que les está quedando pequeño) al suroeste de la ciudad.

 

 


 


Las tierras en donde se cultivan sus viñedos son arrendadas a largo plazo y se reparten en 15 parcelas ubicadas en diferentes localidades vizcaínas, sumando un total de 35 hectáreas. Afirman aquella máxima de que “la creación de los grandes vinos comienza en el viñedo”, y para ello su equipo técnico ha seleccionado esas parcelas aplicando prácticas amigables con el medio ambiente que buscan cuidar esa gran biodiversidad. La Reserva de la Biósfera del Urdaibai (donde cultivan varios viñedos, y donde además están construyendo la nueva bodega) es un área con más de 22.000 hectáreas que conforman una reserva de gran riqueza natural, con 729 especies de fauna, 821 especies de flora, 86 hábitats y 52 lugares de interés geológico.

 

 


 


Itsasmendi recibe visitas con cita previa y ofrece diferentes tipos de degustaciones que parten de un precio individual mínimo de 15 euros. Cuentan con una bella y antigua “txabola” restaurada (casa rústica) lugar donde - durante el día - realizan las degustaciones que ponen punto final a los tours guiados, contando inclusive con una degustación vertical de uno de sus productos más emblemáticos: el Itsasmendi 7, que ofrecen en 5 diferentes añadas.

 

 


 


Y hablando de vinos, fue el Itsasmendi 7 zafra 2016 uno de los vinos que llamó más nuestra atención. Se trata de un blanco que elaboran desde el año 2003, que en su composición varietal lleva el mayor porcentaje de las uvas tradicionales del País Vasco (Hondarrabi Zuri, y Hondarrabi Zuri Zerratia/e, con entre un 15 y 20% de Riesling, y que año a año es ilustrado con una fotografía diferente en la parte inferior de su etiqueta, donde la imagen (siempre obra de un diferente fotógrafo) pretende transmitir la conciliación de la vida personal y laboral del equipo de trabajo de bodega y viñedos.

 

 


 


Su color, de un muy vivo verdoso con reflejos pajizos, aromas que recuerdan a frutas cítricas como el pomelo, a la fruta de pulpa blanca como el damasco, y a frutos secos como las almendras lo hacen complejo. En la boca es voluminoso (casi 14% de alcohol en volumen) de un paladar medianamente untuoso, repitiendo las notas frutales encontradas en nariz. La buena acidez final y el largo en el paladar (dado por su crianza sobre las borras, algo que le confiere estructura) hacen que sea un vino ideal para acompañar un plato como unas judías verdes salteadas con panceta de cerdo y pimientos dulces, sobre una tostada de pan de centeno crocante bien regada de un buen oliva extra virgen.

 


Bodega Gorka Isagirre, el vino llevado a la mesa con estrellas


Cercana a Bilbo / Bilbao, la moderna bodega txakolinera del empresario Gorka Isagirre se torna una cita tentadora, sino obligada de visitar para quienes transitan el Valle del Txorierri, no solo por sus encantadores vinos, también por los dos restaurantes dirigidos por el multi premiado Chef Eneko Atxa: el que lleva su propio nombre (Eneko, con 1 Estrella Michelin) y Azurmendi (3 Estrellas Michelin) donde se ofrecen los menús degustación que son maridados con los vinos de la casa productora y de otras referencias del mundo entero, y lo mejor es que están contiguos a la bodega.

 

 


 


Fundada en el año 2005 como proyecto familiar, elaboran solo vinos blancos bajo el comando enológico de José Ramón Calvo que utiliza solo las variedades autóctonas Hondarrabi Zuri y Hondarrabi Zuri Zarratia provenientes de 14 pequeñas parcelas que tienen muy bien identificadas y que destinan a las 5 referencias elaboradas (un vino joven, un criado sobre lías, un selección de añada, un fermentado en barrica, y un vendimia tardía).

 

 


 


La bodega es moderna y muy funcional, contando con toda la tecnología de punta que permite la obtención de vinos blancos de calidad. Tanques de acero inoxidable, prensas neumáticas, barricas de roble, y pequeñas ánforas de cerámica (en las que vienen haciendo algunas experiencias) se aprecian en una planta de producción totalmente aséptica, y que ellos definen como “una herramienta al servicio del viñedo” que les permite vinificar por separado para obtener mayor conocimiento del comportamiento de las parcelas año a año, que luego ensamblan del mejor modo posible.

 

 


 


Un vino de referencia para la empresa es el G 22, que elaboran con 100% de Hondarrabi Zuri Zerratia, del que degustamos su cosecha 2016, que con un 13,0 de volumen alcohólico soportó una crianza sobre sus lías finas durante 6 meses, factor que le otorgó complejidad y un perfil de blanco de guarda bien interesante, que pretende demostrar que el Txakoli bizcaino no tiene por que ser necesariamente un vino para consumo en el año.

 

 



 

De color amarillo pálido con reflejos verdosos, muy límpido y brillante. Perfume que recuerda a la pera y a la manzana roja madura, y a la impronta del jugo de pomelo rosado recién exprimido. Flores, hierbas y especias se revelan luego de airear el líquido en la copa. De boca amable, pero voluminosa a la vez, algo grasa y untuosa, con un final largo que revela gran complejidad y una acidez muy bien trabajada. Ideal para maridar con un plato de ave (ideal un pollo de campo) macerado en jugo de cítricos, pimienta blanca y cilantro, asado al grill y acompañado de una salsa cuatro quesos.



 

 

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