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Miguel Almeida: el hombre de Miolo en la Campanha (1)

El enólogo portugués, gran defensor de la vitivinicultura gaúcha

 


 

Miguel Ângelo Vicente Almeida es portugués, de formación enólogo, tiene 31 años y vive en Brasil (al menos de forma estable) hace algo más de un año. Lo conozco desde hace más o menos ese mismo tiempo, sin embargo, ese período ha sido suficiente para conocer que Miguel es una persona de “bajo perfil” que no gusta de las luces, las cámaras o los micrófonos, y que accedió a este reportaje solo por considerarme un amigo, hecho muy valorable para mi.

 

Un templado y atípico día de julio me recibió en su oficina para compartir sus vivencias y contarme acerca de su formación, su experiencia con el vino, y sobre el lugar que hoy comanda en la Miolo Wine Group - empresa con la cual comenzó a relacionarse en la vendimia del 2004, cuando viajó por primera vez al Brasil.

 

Desde hace pocos meses ocupando el cargo de responsable del área de embotellado en la Vinícola Miolo en el Vale dos Vinhedos - una estructura inmensa que alberga bajo techo más de 7 millones de litros de capacidad entre vinificación y guarda - Miguel planea, entre otros objetivos, consolidar su residencia en el país verde-amarelo, y quizás, porqué no? formar familia y echar raíces en esta tierra que hoy le ve desempeñarse como un enólogo exitoso.

 

Solo basta con prestar atención a la forma en como habla del Brasil y sus vinos - especialmente de los provenientes de la Campanha Gáucha - para entender que Miguel es un apasionado con lo que hace, y que hay motivos verdaderos que lo atan a esta tierra, distante miles de kilómetros de su Portugal natal.

 

Su relación con el mundo del vino se dio de forma muy peculiar. Nacido en Dão (Portugal) y luego a los tres años radicado en Douro, ya de joven buscando una carrera que le sedujera y permitiera estar en un estrecho contacto con la biología y la química - dos materias para las que se mostraba con buena disposición - luego de culminados sus estudios básicos, su orientación estuvo clara: la enología era lo que buscaba.

 

Luego, ya en medio de un viñedo, el estudio se tornó en pasión, algo que sucede con frecuencia con quien “entra” al mundo del vino. “ - Porque el tema no es muy científico…. sino que tiene mucho de la parte sensorial, donde podemos canalizar nuestras emociones…. El vino tiene de bueno todo ese otro lado que nos hace crear la rutina del día a día, y nosotros entregamos las emociones y las sensaciones” comenta Miguel, como definiendo en pocas palabras, su concepto sobre la profesión de enólogo.

 

En el 2003 culminó su primer “estágio” (tipo de pasantía sin retribución económica) en Baixo Corgo, donde en ese primer contacto con el vino - si bien ese trabajo no fue el más interesante en lo que a elaboración y análisis sensorial se refiere, ya que las tareas eran más rudimentarias - Miguel quedó con una muy buena impresión y eso fue suficiente para adentrarse más en el tema.

 

La siguiente experiencia se desarrolló en Alentejo, ya con otro tipo de responsabilidades, inclusive viviendo durante los dos meses de la vendimia en la propia bodega, muy envuelto con todas las etapas de la elaboración y cuidado de los vinos. “- Esa vendimia fue la que me dio la certeza de lo que quería hacer, que yo quería entrar en la enología” cometa Miguel.

 

Teniendo como orientador de estágios al Profesor Jorge Ricardo da Silva - un reconocido experto y científico portugués de la enología - quien en 2004 participaría al igual que Miguel en el Congreso de Vitivinicultura desarrollado en Bento Gonçalves (Brasil) es que por primera vez pisa tierra brasileña.

 

Miguel Almeida: “- Yo no conocía Brasil…. solo conocía lo que se escuchaba hablar, las playas, lo turístico, productos del mar….” 

 

Daniel Arraspide: “- Cerveza, caipirinha….” (risas)

 

M. A.: “- Y entonces da Silva me habló de que en Brasil se producían vinos, de que había empresas que estaban comenzando con vinos bastante interesantes. Me nombró, me habló de dos empresas, la Salton y la Miolo, y yo me interesé en el tema, y le pedí a el si me podía facilitar algún contacto. Ahí el habló con Mauro Zanus (investigador de EMBRAPA) y entonces Zanus habló con Adriano Miolo, y así fue que en ese año de 2004 vine para hacer mi primera vendimia en el Brasil."

 

D. A.: “ - Pero en esa oportunidad, te quedaste a vivir ya en el país?”

 

M. A.: “- No, me quede solo dos meses en ese 2004, aquí mismo en el Vale dos Vinhedos…. Fue una inversión de mi parte, en función de la formación. Fruto del mérito personal y del trabajo - por sobre todas las cosas, soy una persona muy responsable - entonces es fruto de eso. Así que durante esos dos meses aquí, que fue una zafra muy buena, un año muy seco…. recibimos la segunda cosecha de Seival, que hasta el 2006 las uvas fueron vinificadas aquí - ya que fue en 2007 que Seival inauguró la vinícola. Luego vuelvo a Portugal para hacer la presentación de mi trabajo (tesis final de la carrera) y una vez hecha la presentación, yo me sentía como si no supiese nada. Gusté de los tres estágios que había hecho, pero encontraba que no habían sido suficientes para mi…. al nivel de que, quien trabaja de verdad en una empresa tiene que tener claro, tiene que tocar todo, desde cuidar la uva hasta colocar el vino en la botella. Yo sabía qué? sabía vinificar, transformar las uvas en vino…. yo estaba en la bodega y sabía que hacer, pero de ahí para adelante, yo no me sentía seguro para colocar el vino en la botella."

 

Fue así que Miguel, a través de un programa aplicado a una bolsa de estudio desarrollada por la Universidad donde completó sus estudios, aprovechó la posibilidad de realizar un trabajo remunerado en Alemania. Ese programa, denominado Leonardo da Vinci, le permitió trabajar en un laboratorio durante seis meses, en donde adquirió los conocimientos y herramientas necesarias para complementar lo que el consideraba como una carencia.

 

M. A.: “- Fue una experiencia con vinos blancos fantástica…. y a nivel de este tipo de vinos fue una gran experiencia. Además de encontrar vinos súper equilibrados…. bien aromáticos, bien frescos en boca, poco alcohólicos, estructura acida marcada, y cierta mineralidad. Diferentes a vinos blancos como muchos Chardonnay’s modernos, donde la madera, lo mantecoso, los hace pesados…. donde solo le faltan antocianos para parecer vinos tintos…. solo les falta el color!"

 

 

NO PIERDA LA SEGUNDA PARTE, CONTINUARÁ EN PRÓXIMAS EDICIÓNES

 

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