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Bodega Piattelli en Cafayate

 

Inmersa en el paisaje del Valle Calchaquí, y a pocos minutos de la Ciudad de Cafayate, nos encontramos en el emprendimiento vitivinícola más nuevo de la comarca. Moderna planta de vinificación que se puede recorrer en pocos minutos, una soberbia sala semicircular de barricas, un muy bien acondicionado recinto que oficia como sala de degustaciones, y el restaurante con vista hacia la montaña y los viñedos, hacen de Piattelli un proyecto que contempla – desde el vamos – el potencial que el enoturismo tiene en esta región del NOA, y que la empresa se ha propuesto aprovechar de forma inteligente

 

 

 

 

Texto: Sommelier Daniel Arraspide

Fotos: Andrea Fontes y Bodega Piattelli

 

 

Tal vez lo más impactante cuando se llega a Piattelli es el diseño arquitectónico de las construcciones y lo cuidado de sus jardines (en los que las palmeras abundan más que los cardones). Sin embargo, una vez comienza el tour por viñedos y luego por bodega, se llega a la conclusión que su principal capital radica en la gente que allí trabaja y en su talento de producir vinos tan interesantes, y es eso realmente lo que impacta, sobre todo a los consumidores entrenados y amantes del buen vino.

 

 

 



Nuestro recorrido por el establecimiento contó con una guía de lujo, la amiga Carolina Macaya, a quien conocimos hace varios años atrás trabajando para una bodega mendocina. Y es justamente allí donde nace Piattelli – en Mendoza – y que luego de algún tiempo expande sus raíces a Salta, con la nueva bodega inaugurada en el año 2013.

 

 



Al tiempo de nuestra visita (30 de diciembre de 2017) parte del Malbec cultivado en Cafayate (a una altitud por encima de los 1.700 metros) se encontraba iniciando el envero, lo que de acuerdo a lo comentado por nuestra guía “significa que la cosecha aquí se da bastante tiempo antes que en Mendoza”. Con Malbec en tintas, y Torrontés en blancas, como las dos variedades mayoritarias cultivadas en el viñedo cafayateño, la empresa elabora vinos varietales de excelente expresión, además de algunos cortes súper interesantes, tal el caso del Reserve Malbec + Tannat 2016, que supimos degustar y nos sorprendió gratamente.

 

 



Con la enología a cargo de Valeria Antolin (quien viaja desde Mendoza de manera regular) y el asesoramiento del reconocido winemaker Roberto de la Mota, la bodega diseñada para trabajar por gravedad, posee 960.000 litros de capacidad, repartida en tanques de acero inoxidable de diferentes dimensiones, piletas de cemento revestidas con epoxi, y huevos de concreto. Algunos cuantos cientos de barricas complementan la batería de recipientes para vinificación y crianza donde se elaboran los vinos de esta casa.

 

 



Llama la atención el mural pintado sobre una de las paredes junto a la cava de barricas, sobre la tribu de los Quilmes (pueblo precolombino de la etnia diaguita) y algunos objetos encontrados durante la excavación para la construcción de esta cava, como ser morteros y piezas de alfarería; verdadero testimonio histórico de quienes fueron habitantes de estas tierras hace siglos.

 

 



Ya acomodados en torno a una mesa ubicada en la terraza del restaurante, llegó el turno de probar el Reserva Torrontés 2017, un estupendo y aromático blanco con perfume de rosas, azahares, y la sutileza del amoscatelado, que en la boca se manifestaba elegante y de perfil gastronómico con final de acidez bien balanceada, haciendo muy buen maridaje con las empanadas de queso.

 

 



A la hora de los tintos, uno de los que más nos sorprendió fue el Grand Reserve Malbec 2015, de imponente color profundo, notas a frutas negras maduras, sutil ahumado, y de gran estructura en boca, pero para nada agresivo en materia de taninos; vino que casó de maravillas tanto con la pasta rellena y salsa con albóndigas, como con el costillar de cerdo en larga cocción y papas en cuñas, dos platos muy bien ejecutados por el chef Gabriel Rodríguez.


Experiencia altamente recomendable e imperdible para quienes visiten Cafayate y gusten disfrutar de la buena mesa!



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Estancia Colomé en Molinos

 

Por un sinuoso camino que trepa entre los cerros hasta los 2.300 metros de altura sobre el nivel del mar, llegamos al territorio donde – según cuenta la historia – se fundó en 1831 la primera bodega en Argentina. Enclavada en pleno Valle Calchaquí, Colomé no es solo el nombre de una bodega y su marca de vinos, es también un pueblo donde casi la totalidad de sus habitantes trabajan estas tierras cultivadas con vides de Torrontés y Malbec (entre otras variedades) repartidas en 75 hectáreas. Capítulo aparte merece la gastronomía ofrecida en el restaurante de la bodega, desde donde se puede disfrutar además la hermosa vista circundante

 

 

 

 

Texto: Sommelier Daniel Arraspide

Fotos: Andrea Fontes, y Estancia Colomé

 

 

Luego de transitar los 227 kilómetros que separan la Ciudad de Salta (Capital de la provincia homónima) de nuestro destino, lo que llevó unas cuatro horas y media debido a lo dificultoso de varios tramos del camino, llegamos a mediodía a Estancia Colomé, propiedad del empresario naviero suizo Donald Hess, algo que en paisaje se asemejaba bastante con un oasis verde en medio de un desierto ocre.

 

 



Recibidos por el muy competente y súper bien informado sommelier de la casa – Pedro Aquino – primero recorrimos la bodega, una modernísima y de medianas dimensiones planta donde el acero inoxidable abunda. Tanques de diversos tamaños, una importante sala de barricas de roble, y al finalizar, el equipo de fraccionamiento, todo dentro de un edificio que parece ser totalmente funcional a sus propósitos.

 

 



Ya instalados en una mesa desde donde teníamos un panorámica bellísima de viñedos y cerros, nos preparábamos para disfrutar de la degustación que antecedía al almuerzo y que Pedro nos tenía preparada para poder llevarnos una visión bastante amplia de los vinos que la casa elabora, no solo con las uvas cultivadas propiamente en Colomé, sino también en los otros tres viñedos que la empresa cultiva a diferentes alturas dentro de la Provincia de Salta.

 

 



Era casi de orden comenzar por el Torrontés Estate 2017 de esta casa productora, el que degustamos con placer y que se tornó un verdadero refrigerio luego del largo viaje hasta el establecimiento. De ahí en más, el foco de nuestro anfitrión estuvo en mostrarnos las diversas caras del Malbec que, cultivado a diferentes altitudes, va expresándose de formas muy variadas. Así fue que pasaron por nuestras copas….


Colomé Lote Especial Malbec 2015 (Finca La Brava, 1.700 msnm)


Proveniente de viñedos cultivados en Cafayate, y del que se elaboraron 18.200 botellas, es un vino de excelente color púrpura muy oscuro, con perfume a fruta madura, flores y especias. Sus taninos muy maduros y su acidez refrescante, hacen de este vino una excelente opción para quien busca elegancia y complejidad.

 

 



Colomé Lote Especial Malbec 2015 (Finca Colomé, 2.300 msnm.)


Elaborado con uvas de un viñedo plantado a pie franco (sin porta injerto) en los alrededores de la bodega, que a la fecha de esta vendimia alcanzaba los 10 años, este vino se muestra de color violáceo muy brillante, con aromas de fruta negra, a especias donde nos recuerda la pimienta negra, y taninos presentes muy bien resueltos.


Colomé Lote Especial Malbec 2016 (Finca El Arenal, 2.600 msnm.)


Favorecido por la amplitud térmica del que goza este viñedo localizado en Payogasta, algo que se evidencia en su carga de antocianos (traducida en un color muy oscuro, casi negro) es un vino que merece ser degustado con detenimiento. Muchas especias y flores se suman a la futa madura y carnosa, soportada por buena acidez y taninos.

 

 



Colomé Malbec Estate 2015 (Cuatro terruños de diferentes altitudes)


Tras su paso durante 15 meses en roble francés, este vino traduce todo el potencial de los terruños de altitud de la Provincia de Salta. Blend proveniente de uvas cultivadas en cuatro viñedos que entre los 1.700 y los 3.111 msnm. componen este corte en diferentes porcentajes, es un vino rojo oscuro brillante, de fruta madura muy franca, notas florales y de especias, mineralidad, frescura y taninos muy redondos.


Colomé Auténtico Malbec 2016 (Fermentado con levaduras indígenas)


Un muy particular Malbec, con el que la empresa productora rinde homenaje a los pioneros que hace más de 180 años inició las actividades vitivinícolas en este rincón del Departamento de Molinos. Y si bien el viñedo del que provienen las uvas que dan origen a este vino datan de hace 90 años (la mitad de edad que posee la historia de Colomé) no es poca cosa contar con esta edad tratándose de plantas sanas y en producción. Violáceo muy denso, con aromas a frutas negras silvestres, un elegante toque de especias, acidez equilibrada y taninos presentes.

 

 



Colomé Reserva Malbec 2012 (El TOP de los Malbecs de Colomé)


Producido con las uvas cosechadas en los viñedos más antiguos propiedad de Colomé (los que llegan en algunos casos a los 150 años de edad) que entre abril y mayo del 2012 llegaron a producir 15,9 grados de alcohol de forma natural, este vino fue criado en barricas de roble francés durante 24 meses hasta que en setiembre de 2014 fue embotellado. De color muy oscuro al que la luz le cuesta atravesar, aromas a futas sobremaduras, mermeladas de frutas negras, y toque de pimienta, es un vino de gran complejidad, e imponente volumen en boca.

 

 



Un excelente almuerzo basado en una tierna carne vacuna (bife de chorizo) cocinado en su punto, salseado con una reducción de Malbec, y acompañado por vegetales salteados (cultivados en la quinta de la propiedad) se tornó el acompañamiento ideal para esta casi clase magistral de Malbec´s degustados. Una gran experiencia apreciada por los cinco sentidos.


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Bodega El Esteco en Cafayate

 

En el corazón productivo de los Valles Calchaquíes se levanta una de las mayores bodegas que mejor representa estos terruños del NOA. Con una producción que ronda los 10 millones de litros, Bodega El Esteco cuenta con estilos para todo tipo de consumidor. Desde vinos jóvenes y frutados, hasta etiquetas muy gastronómicas – como su línea OLD VINES – que traduce el espíritu de los viejos viñedos con más de 70 años (rescatados de su gran extensión cultivada con 480 hectáreas en producción) son un testimonio vivo de que la vitivinicultura en este lugar del mundo es parte arraigada en la cultura de estos pueblos

 

 

 

 

Texto: Sommelier Daniel Arraspide

Fotos: Bodega El Esteco, y Andrea Fontes

 

 

Nuestro recorrido en Bodega El Esteco contó con una guía de lujo, la enóloga María Carolina Cristófani, quien nos recibió y en un tour completo nos invitó a degustar directamente de los recipientes de vinificación algunos blancos y tintos aún en proceso de crianza y afinamiento.



Pero para tener una idea un poco más clara de lo que es El Esteco, María Carolina nos llevó a lo alto de la torre de lo que antiguamente fuera la Bodega La Rosa (perteneciente hasta hace algunos años a Michel Torino) y que en la actualidad forma parte del Grupo Peñaflor (también propietario de las bodegas Trapiche, Navarro Correas, y Finca Las Moras) que en Cafayate posee casi medio millar de hectáreas de viñedos cultivados con Torrontes, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Criolla, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Syrah, Malbec y Tannat – entre otras variedades –  distribuidos entre parrales y espalderas, en algunos casos con riego por inundación de surcos y en otros casos por goteo, en un terruño donde suele abundar el sol y escasear el agua.

 

 




Localizada en la intersección de las rutas nacionales número 40 y 68, distante 195 kilómetros de Salta Capital, y a casi 1.400 de Buenos Aires, la bodega está abierta al turismo todos los días, y cuenta con un emprendimiento gastronómico-hotelero (que trabaja de manera tercerizada) que lleva por nombre Patios de Cafayate Wine Hotel, lugar que también tuvimos oportunidad de conocer disfrutando de un increíble El Esteco Old Vines 1958 Criolla cosecha 2015 que a la hora del mediodía nos deleitó con una soberbia gastronomía.

 

 




Volviendo al recorrido por la bodega propiamente dicha, dentro de la gran estructura de su planta, pudimos observar de todo tipo de recipientes para vinificación, desde las antiguas piletas de cemento, pasando por los modernos huevos de concreto, toneles de madera, foudres de roble, tanques de acero inoxidable, y claro, algunos cuantos miles de barricas. Lo interesante de esto fue poder probar varios vinos directamente de los recipientes, a decir de un amigo “comer la futa directo del árbol”.

 

 




Un estupendo Torrontés proveniente de un pequeño cuadro de viñedo plantado en el año 1945, fermentado en un huevo de concreto y vinificado en la vendimia del 2017, se mostraba súper aromático, de muy buen volumen en boca, complejo y con un equilibrio estupendo entre fruta madura y acidez que mereció nuestra especial atención.



Malbec´s de diferentes cuadros, muy interesantes en cuanto a concentración y carnosidad en boca, un Cabernet Sauvignon fermentado en tonel de madera en el que no se percibía ni una sola nota vegetal o de pirazinas verdes, y un rotundo y casi negro Tannat que merecía ser bebido con mucho respeto, completaron la magnífica degustación preparada por la enóloga.

 

 




Vinos de Bodega El Esteco en Uruguay


Si esta nota le causo curiosidad por conocer alguno de los vinos de El Esteco, la buena noticia es que SOLDO Hnos. (importador de la marca para el Uruguay) estará presente en el XVI Salón del Vino Enjoy Conrad Punta del Este este fin de semana del viernes 26 y sábado 27 de enero (de 21 a 01 hs.) en donde se ofrecerá en degustación la siguiente selección de vinos….



Don David Torrontés 2017


El Esteco Malbec 2014


El Esteco Cabernet Sauvignon 2014


Chañar Punco 2013 (producido con uvas cultivadas en Catamarca)


Altimus 2011 Blend



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Conociendo Salta y la vitivinicultura del NOA

 

Un recorrido de varios días por Salta (provincia del NorOeste Argentino) nos llevó a conocer esta región de paisajes espectaculares, gente trabajadora y vinos excepcionales que van mucho más allá del exuberante Torrontés y los renegridos tintos allí elaborados. Una cultura gastronómica moldeada por determinados productos, respeto y cuidado del medio ambiente, y el receptivo turismo del vino (que viene creciendo con fuerza, sobre todo en Cafayate) se conforman como tres pilares fundamentales que invitan al viajero a aventurarse por estos caminos de gran altitud, cargados de historia y regados a buen vino

 

 

 

 

Texto y fotos: Sommelier Daniel Arraspide

 

 

Salta “la linda”


Capital de la provincia del mismo nombre, con una población de algo más de medio millón de habitantes en su casco urbano, la ciudad fue fundada en el año 1582 por españoles, quienes impusieron no solo sus costumbres, sino también dejaron por herencia su estilo arquitectónico colonial, en la actualidad muy visible en la propia ciudad de Salta, así como en todos los poblados de la provincia.

 

 



Con una bellísima plaza central que lleva como nombre la fecha 9 de Julio, y en torno de la cual se ubican algunos edificios emblemáticos como la Catedral y el Cabildo, la movida cultural se refleja en gran cantidad de cafés y restaurantes en los que se puede disfrutar de buena culinaria regional acompañada de las “peñas” de música folclórica, y claro, algún buen vino local.


Uno se los paseos más recomendables es el de la ascensión al Cerro San Bernardo, utilizando el servicio de teleférico desde el Parque San Martín, y llegando a una altitud de 1.454 msnm. desde donde se tiene una vista panorámica de la ciudad que es realmente espectacular, además de poder disfrutar de una cascada de aguas muy linda.

 

 



La ciudad es punto de partida ideal para salir a conocer la ruta del vino hacia los Valles Calchaquíes, no sin antes transitar por tan diversos lugares en los que se pueden apreciar desde grandes extensiones de campos cultivados con tabaco, verdes sierras húmedas, hasta áridos y semidesérticos paisajes de altura.


Cuesta del Obispo


Parada obligatoria para detener la marcha (así sea por cinco minutos para tomar algunas fotos) es Piedra del Molino, que a 3.457 msnm. deslumbra por su visual ponarámica y es la antesala de una casi gran recta final hasta llegar a Payogasta (intersección de las rutas 33 y 40) que lleva por bellos paisajes donde los diferentes colores de los cerros y montañas son un regalo para nuestro visual y donde los cardones (especie de cactus) pululan por doquier.

 

 


 

 



Los omnipresentes cardones


El Parque Nacional Los Cardones marca el inicio de los Valles Calchaquíes. Dicho parque – reserva natural protegida – se extiende por 64.117 hectáreas donde una biodiversidad de flora y fauna muy particular molduran estas tierras que entre los 2.700 y los 5.000 msnm. dibujan este hermoso paisaje. Y si bien, la cantidad de estas plantas – popularmente llamadas cardones – se cuentan por millones en esta gran extensión del parque, el cardón también puede ser observado por todo el territorio vitivinícola calchaquí, inclusive in situ en medio de los propios viñedos.

 

 



Los Valles Calchaquíes


Extendiéndose por unos 520 kilómetros de norte a sur por las provincias de Salta, Tucumán, y Catamarca, los Valles Calchaquíes conforman algunos de los paisajes más bonitos del Noroeste de Argentina. Reconocida región con óptimo clima para el cultivo de uvas y elaboración de vinos, es también una de las rutas más impotrantes del país vecino en lo que a enoturismo se refiere.

 

 



Altitudes que van desde los 1.600 y hasta por encima de los 3.100 msnm. propician lo que se denomina “amplitud térmica” (diferencias de temperaturas) que en esta región pueden alcanzar fácilmente los 20 grados entre el día y la noche. Un porcentaje de las vides en algunos casos puede llegar a los 70 y 100 años. Cultivadas en suelos bastante rocosos de origen aluvional, donde el agua es un bien muy preciado, algunos viñedos cuentan con riego por goteo, y los demás con riego por inundación de surcos. El régimen anual de lluvias es muy pobre y se sitúa en un promedio de 150 mm. que precipitan en su mayoría en los meses de diciembre y enero. Cerca del 60% del total de viñedos cultivados en estos valles se encuentra en Cafayate, principal centro productor de la región.


Payogasta, Cachi, y Molinos


Quilometros más adelante y luego de atravesada la Recta del Tin Tin (un tramo de la Ruta Nacional 33 que durante 19 kilómetros se mantiene en una recta admirable) llegamos a Payogasta, el primero de los poblados en donde pudimos apreciar vida a nivel vitícola. A poca distancia de la intersección de las rutas 33 y 40, es donde la Bodega Colomé cultiva su viñedo “Altura Máxima” que a 3.111 msnm. dicen es “el viñedo más alto del mundo”.

 

 



Parada de por medio en el poblado de Cachi, donde el tiempo parece haberse detenido hace siglos, recorrimos sus calles y aprovechamos a tomar algunas lindas fotografías. Luego, nuestro recorrido continuó por la ruta 40 en dirección Sur rumbo a Molinos, otra población bastante conocida por su actividad vitivinícola, impulsada más que nada por Raúl Dávalos (Bodega Tacuil) y Estancia Colomé, propiedad del empresaio naviero suizo Donald Hess.


La sinuosa Ruta Nacional 40


Siguiendo la misma dirección del Río Calchaquí (que en importantes tramos de su recorrido carecía de agua en esta fecha a finales de diciembre de 2017) esta ruta – que no ha conocido el asfaltado por estas latitudes – se torna por momentos bastante angosta y con curvas tan pronunciadas que bordean precipicios importantes, que hay que tener cierto temple y experiencia al volante si no se quiere cometer errores que cuesten caro o tengan que lamentar víctimas. Por eso es importante olvidar las prisas y manejar a conciencia.

 

 



De camino a Cafayate (que desde el poblado de Molinos dista 116 kilómetros, pero lleva cerca de tres horas recorrerlos) pasamos por pequeñas poblaciones como Angastaco, San Carlos, y Animaná. Afortunadamente unos kilómetros antes de llegar a San Carlos, el polvoriento camino “de ripio” se convierte en una impecable (aunque angosta) ruta pavimentada, lo que permite avanzar de forma un tanto más agil y segura.


Cafayate, el destino


Para quien, como en nuestro caso, llega por primera vez a Cafayate, se puede percibir que la pequeña ciudad de tan solo 15.000 habitantes cuenta con todos los servicios como ser banco, hoteles y posadas, servicio de salud, tiendas de vestimenta y calzado, almacenes de alimentos, licorerías, y ferias de productos típicos, además de importante oferta de artesanías locales. Grandes extensiones de viñedos (muchos de ellos cultivados en parral, donde se pueden apreciar plantas muy añosas) ya se divisan varios kilómetros antes de llegar a la ciudad de mayor relevancia en estos valles.

 

 



Ya en el propio casco urbano, varias bodegas de nombres conocidos como El Esteco, Vasija Secreta, El Porvenir, Domingo Hermanos y Nanni, invitan a disfrutar de un enoturismo bastante bien organizado y señalizado por cartelería oficial de Salta Ruta del Vino, donde no solo visitas y degustaciones pueden ser realizadas, sino también almuerzos y cenas en sus restaurantes o winebars.

 

 



Buena cantidad de restaurantes con oferta de platos locales (donde las empanadas, los tamales y humitas, y las diversas preparaciones en base a carne de cabrito, son las estrellas de las cartas y menúes muchas veces anunciados en los pizarrones de los establecimientos gastronómicos) tientan al paladar y abren el apetito invitando a degustar estas especialidades con una copa de un fresco y perfumado Torrontés, o si lo prefiere, con un denso y oscuro Tannat.

 

 

En próximos artículos compartiremos nuestras experiencias en las bodegas que visitamos en nuestro recorrido por el NOA y los Valles Calchaquíes.


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Vino azul: graves efectos secundarios causados por su producción, venta y consumo

 

Tiempos modernos donde se cree haber inventado algo nuevo, o estar poniendo de moda un producto polémico, causando adicción al mal gusto, confusión, y engaño al consumidor. Idiotez mediática, vino de verdad, o moda pasajera?

 

 

 

 

Texto: Sommelier Daniel Arraspide

Fotos y retoque digital: Marcos Arraspide

 

 

Degustado el producto, analizado personalmente y en círculo de colegas, transcurrido un tiempo desde su aparición en el mercado, hemos llegado a la conclusión que el llamado “vino azul”….

 


En los productores causa pérdida del horizonte, confundiendo, desnorteando, haciéndoles pensar que ganar medallas con otros vinos les habilita a crear cualquier bosta y engañar a incautos con fórmulas contradictorias de antocianinas y colorantes artificiales tono torta de cumpleaños infantil.

 


En los comerciantes causa confusión a la hora de la venta, no sabiendo si lo que están comercializando a sus clientes es una botella de alcohol de primus, una poción mágica similar al jugo de gomibayas que tomaban los osos gummis, o Jugolín sabor fruta exportada del planeta Plutón.

 

 


 


En los consumidores causa inclusive hasta idiotez, acostumbramiento a consumir cualquier líquido que por moda o capricho le vuelquen en su copa. Con efectos secundarios graves que pueden inducir al mal gusto, pudiendo terminar con las papilas gustativas anestesiadas, suele ser tan peligroso como consumir gasolina y luego ingerir un fósforo encendido.

 


En la industria causa mala imagen, contradicciones que se transmiten al consumidor final dada las discusiones interminables que desatan polémicas y hasta acciones judiciales. Desgaste, pérdida de tiempo discutiendo “si es vino”, “no es vino”, y un montón de derivaciones que no llevan a ningún buen final.

 


En los comunicadores que divulgan estas aberraciones casi infantiles, hablando maravillas de un producto poco honesto y de dudosa procedencia en cuanto a materias primas, causa pérdida de memoria de cuando en otros tiempos no se prostituían por dos mangos y escribían de lo que realmente hay que escribir.

 

 


 


En fin, brindo por usted amigo lector, claro, brindo con vino!

 


* ACLARACIÓN DEL EDITOR: Mucha agua ha corrido debajo del puente desde que aparecieron en el mercado el (los) llamado(s) vino(s) azul(es). Algunos a favor, otros en contra, sin embargo nunca leímos una nota o artículo que le tomara el pelo a un producto de moda pasajera de tan mal gusto (en el más amplio sentido de la palabra) como es esta bebida color azul que pretende (sin lograrlo) ser vino. Vayan las disculpas del caso si algún lector se siente afectado por este texto a tono de broma, no es nuestra intención herir a nadie, sino – muy por el contrario – arrojar luz sobre un tema que se encuentra inclusive en la órbita judicial.

 


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